Dormir sin el escándalo tembloroso de un cuerpo a la derecha, a la izquierda, al alcance de un brazo a la etapa de un metro, una nuca sin cuello sobre la que emitir aliento, es darse cuenta confusa del interior de la boca, sentir la lengua en abundancia, morder la carne azul de las mejillas (sogas o cables las piernas, maromas los brazos).
Dormir sin el escándalo de un cuerpo al flanco es un silencio, es un trueno,
del que dan cuenta y son testigos las almohadas vacías, la paz excesiva de las sábanas.
Frases, escritos que conviven jugando al póker, o al menos sobreviven cuando nadie coloca el revólver sobre la mesa.
sábado, 29 de noviembre de 2014
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