No te olvides de que dejé mi aliento debajo de la cama y apoyé mis labios para ti en la repisa roja.
Saca del frigorífico las ansias de anoche, los enigmas que no escondes, esa certeza con que te empeñas en señalarle el norte a las aves perdidas.
Dejé un táper con los silencios encendidos y te puse las llaves de mi camino debajo de la alfombra.
El cargador del móvil dentro de las entrañas que poseo.
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