La mesa estaba partida en dos bandos que comenzaban a mirarse de contrarreojo y la nochebuena bailaba entre mensajes del besugo y las palabras monárquicas mientras el odio de los microcomensales se acentuaba a medida de cada cucharada y hacia la boca y entre los platos una lágrima de nostalgia de los tiempos que jamás jamás se descuidaba el musgo del nacimiento y todo era pandereta chas chas mientras ahora se cortaba el cielo de tan denso que los dos bandos del principio ya eran ocho trincheras mientras incluso marido mujer hijos e hijas se odiaban tan profundamente con un resquemor tan excesivo o tan excelente que sólo les quedó comenzar a lanzarse migas de pan amasadas para atenuar tanta venganza y al final todos feliz navidad y amor mutuo y ya está.
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