miércoles, 4 de noviembre de 2015

Las construcciones hidráulicas albergan en sus trazados mucha más tristeza de la que es capaz de sentir un pecho, de pensar una cabeza, de describir un bolígrafo.

Sus venas inundadas con el lóbrego musgo verdeoscuro se inyectan en las propias sólo con mirarlas (casi tan triste como la mirada negra de un besugo,  como la despedida en un andén a un amante que no ha comprado el billete de vuelta, como la última mirada del aviador que no regresará ya nunca).

La tristeza más profunda que puede sufrir un búho o un ferroviario está definida, dibujada, planificada en los trazados de las obras hidráulicas (la tristeza es una caverna en los pulmones, bien lo saben los psiquiatras que, tras terminar sus estudios están obligados a asistir a encuentros de espeleólogía).

La tristeza no tiene color, por mucho oscuro que le quieran añadir los poetastros o los pintores de pincel engreído.

Tiene forma. Tiene representación gráfica.

Se puede observar en el recorrido de las obras hidráulicas.



miércoles, 28 de octubre de 2015

JODIDA DEPRESIÓN CLÍNICA DE DON QUIJOTE DE LA MANCHA

No voy volando,  ni sobrepaso artistas huestes de bramantes soldados, sino que muero en el lugar en que estos fondos profundos me pronuncian. 

No voy trenzando destino en un telar celoso, no. Donde Dulcinea señala un paso yo pongo bandera. No vuelo ya. Es todo lo demás que vuela.

Estos que aquí se ocultan son los inmuebles del pasado. El surco de eternos naufragios allí en las profundidades donde flota (hinchado, muy hinchado) el cadáver de Dios, donde todos morimos a falta de mejores doncellas.

No cesa sin embargo la envidia de otras cosas. Eterno aquí restriego mis profundos cojones contra otros ríos.

Porque esto que aquí veces Sancho no son gigantes sino molinos.

Arrastro ya no esta realidad, sino cientos. Verdades que se escapan solas como geranios rotos de pena.

(Culebras en la sien, como Medusa, poya al fondo, arriba y bien arriba esperando la cueva. Los huevos tiritando como péndulos o ahorcados).

El amor del cuerpo siempre eterno tiene deseos de otras estrofas. No se abandona el mismo abismo, no llora por otras noches. (Mira a ver, Sancho, que en el establo se revuelven inquietos los caballos y huele a estiércol. Al estiércol puro y negro de una ciudad en pie de vida). 

Huele desde aquí a la sombra de un cuerpo. Muere el mundo, muere el mundo. En el aire se condensan negras lágrimas.

Es la hora del ábaco. De contar todas las hélices del cielo, las obras hidráulicas en su húmeda tristeza. 

Yo no creía que terminasen los las estrellas cuando tú, Sancho, vez los gigantes y se esfuma Dulcinea, cuando en la playa de Barcino es derrotado el bachiller Sansón (le adiviné la cara al trasluz del sol debajo del yelmo).

Nada es mentira el cuerpo me pide comida y la pide con garras.

Pudiera  llorar pero ya no hay motivo.

Esto que aquí ves no son, Sancho, gigantes, sino molinos.






domingo, 30 de agosto de 2015

Somos una excepción de tiempo entre dos nadas, es decir, que nuestra vida es la lechuga del sándwich entre dos panes de vacío en forma de corchete.

Por supuesto que sí, que se da y se respeta la opción de no querer darse cuenta de lo que supone esta realidad mágica u horrible (según opiniones). O, por supuesto, de que la conciencia de esa verdad pueda llevar al absentismo vital y a buscar únicamente bienestares que añadan mostaza a la lechuga.

Sin mayonesa en la endivia no se debe vivir, no es justo que se transite por este valle de brócolis con la lágrima en la mejilla. Pero elegir dejar alguna huella y llevarse algo de esta ensalada es justamente lo que han escogido las personas que de verdad pueden confesar (y que todos podemos dar fe de ello) que han vivido.

Permanecer como un buen recuerdo en la memoria de alguien no será vida consciente después de la muerte, pero indicará que la ha habido antes, que uno ha estado pendiente de las verduras del otro y eso, de verdad, creo que sí que nos lo llevamos, porque lo hemos tenido y permanece, luego es nuestro para siempre.

Llevarse buenos momentos es una obligación que viene escrita en nuestras órdenes genéticas.

Lo que quiero decir es que estoy vivo y eso supone estar muy despierto a todo (todo) y a todos (todos).

Quiero decir: que el Universo reparta café sobre vuestras vidas en forma de granizo suave, de ese que no hace daño ni rompe las cristaleras.




jueves, 13 de agosto de 2015

Existen damas del Romanticismo y damas del Romanticismo, que no todas son iguales. No cometamos el error de caernos en la idea tan dilatada de que todas ellas se desmayan o fingen los orgasmos.

El tipo B de dama del Romanticismo está siempre dispuesta a fregar platos y a limpiar chimeneas. Confiesa en público sus flatulencias y usa vocablos que inventan los estibadores portuarios cuando se les cae alguna mercancía en los dedos de los pies.

En las fiestas señalan con el dedo y no se limpian los labios antes de beber de los vasos de Chateaubriand (tampoco saben en qué se diferencia del vino de tetrabrik).

Pero saben mirar las estrellas y ver en ellas el dibujo del pasado, y saben trazar los caminos que caminan con gentileza del presente al futuro.

Eso les descomponen los intestinos a las damas del Romanticismo tipo A, porque los caballeros persiguen a las damas B entre los claros del bosque por ver si son capaces de verles los tobillos.

En secreto, son las preferidas de los caballeros del Romanticismo para ser las madres de sus hijos y la compañía para su vejez.

No, las damas A, no soportan a las damas B.

Eso no es malo, al contrario.




Cuando pasan los años y los oscureceres se oscurecen al caer el tiempo y la tarde, los grandes obreros, los que han perdido o han ganado el tiempo dejándose caer la espalda para que nadie en la casa se quede sin la cuchara vacía, sin la almohada limpia, los grandes guerreros, construyen máquinas no del tiempo para ir hacia adelante o hacia atrás, no. 

Han inflado clarinetes y han pisado los terrenos de los bancales con sus manos para hacer crecer yemas de los árboles, para haces que asomen botones verdes de las tomateras.

Construyen máquinas del tiempo con artilugios negros y grasientos, comprados en ferreterías, y las construyen concentrados en sus manos para que el tiempo y los objetos se detengan,  para que se quede todo en su lugar, que es donde deberían algunas veces quedarse todas las cosas.

A eso dedican su tiempo los enormes guerreros.



lunes, 20 de julio de 2015

Quería que todos los peatones, al pasar por su puerta, se detuvieran a mirar aquel recipiente de luz, el continente de aquel espejo que tantas mañanas había devuelto las miradas de su mirada, el rubor de sus labios, la insolencia de sus mejillas.

El vidrio del espejo no.

Lo trizó en diez mil trozos cuando le dijeron que había muerto.

No quiso ver su cuerpo. De ninguna manera quiso verlo.
Su puerta se convirtió en el santuario de peregrinación de todos los amantes que quisieran mirarse en aquel hueco vacío (un sortilegio limpio, un amarre sin magia oscura).

Un contagio de todo el amor con que él la contempló todos los tiempos de su vida.




martes, 7 de julio de 2015

En millonésimas de instante renunció a la cordura de proteger antes que nada su propia vida de joven estrepitoso y sublime. Y al ver la forma tan sinusoidal de sacudir los brazos pidiendo aire y socorro, se enamoró en el tiempo que dura un relámpago. 

Su voz aterrorizada le llevó al sonido de miles de tequieros aún por ser pronunciados. Vio cómo el pelo se le confundía azul y blanco con la cresta de la resaca, bailando al compás del fin del mundo, cercana a una muerte tan segura como los teoremas que hablan de triángulos. 

Y sabiendo que era un nado sin retorno, se disparó a si mismo hacia el agua para hundirse con ella, observados por los ojos milenarios de los besugos, por los pozos que guardan los tiburones en la mirada.

La quiso abrazar y lo hizo, en medio de aquel tornado de agua, enlazados los brazos se miraron sin aire en los pulmones sabiéndose ya los dos en la última mirada que se le da a la vida.

Se amaron sin oxígeno. Se amaron con la sabiduría y la certeza de saber que ese sí, que ese iba a ser por fin un amor hasta la muerte, y hasta más allá incluso, porque iban a ser el comentario del día siguiente de todos los mariscos que habitan en el fondo del agua.



lunes, 11 de mayo de 2015

¿Quién te he dado permiso para tomar esta fotografía, oh fotografiador despreciable?

Bien te dije anoche, durante la lluvia de azucarillos, que no se te ocurriese ni entrar cuando estoy dándole el pecho a mis niños. No podrías ni imaginar el riesgo de burlar las normas ovíparas de mi especie. El consejo regulador etcétera multará con restricciones de trigo y de miradas cómplices mi delito de haberlos guardado bajo mi buche estos último meses, así que depón tu cámara, infame ladrón de secretos.

¿Las consecuencias? Tomaré yo mi cámara, mi grabadora de cintacassette y entraré en tu dormitorio por la noche, en el momento en que susurres al oído de tu esposa ese juramento que no estás dispuesto a cumplir. Esa promesa de eternidad que le haces todas las noches justo antes de besarle los párpados.

Todos en la granja sabemos lo que la oveja y tú ocultáis al resto del mundo.






viernes, 8 de mayo de 2015

La televisión en color era aquel sueño que no podíamos imaginar de niños los que ahora somos más jóvenes cada día. Ver a Mariano Medina, a Laurita Valenzuela en blanco y negro aguijoneaba nuestra imaginación. ¿De qué color es ese vestido, esa cortina, ese coche si el tono gris es de un veintitrés por ciento? Crema, rosa, verde, morado, vino, rojo atardecer.

Era un placer extranjero, un lujo británico, una envidia germánica.

El jueves que llegó la televisión en color a mi casa soñamos en color aquella noche. Pero el mundo de aquella ventana comenzó a ser demasiado evidente. Ya no se especulaba con los semitonos y sus equivalencias irisadas.

Por eso me he alegrado tanto hoy al ver que el gobierno ha decidido establecer el país en blanco y negro. Porque ahora, al caminar, podremos conjeturar sobre el color verdadero que tienen las cosas, y eso va a suponer que la imaginación de nuestros conciudadanos experimentará un ascenso que los educadores deseamos para que este mundo sea un poco más habitable cuando vamos a desayunar a cualquier sitio, por poner un ejemplo.




sábado, 18 de abril de 2015

Cuando las margaritas y los búhos habitaban la tierra junto a los dinosaurios, hace más de cuatrocientos años, los bosques, las esquinas más entramadas de la maleza escuchaban tertulias entre las plantas, con ese idioma tan propio de los vegetales que algunas veces provoca celos entre las rocas de granito, más inclinadas a quedarse en silencio cuando es posible que más se les necesite.

Quedaba todo muy en silencio al caer la noche, y era entonces cuando se escuchaba entre los chopos la leyenda de los lodazales. (Los ojos de los tiburones, que han atravesado, arrastrando la barriga, el fondo de los nueve océanos, se oscurecieron para siempre aquél día que las anémonas les contaron la historia).

Los lodazales, oscuros como las entrañas de las cuevas, habían tenido la idea de invadir la maleza, de incrustarse en los huecos, en los claros de luna, en los reflejos del agua de las charcas. Y así lo hicieron, sin ninguna batalla, sin ninguna oposición, durante unos años que repartieron la desolación y la tristeza entre los habitantes de todos los continentes. Todos.

La lluvia dejo de tener ese sonido de hoja de sauce. Los dinosaurios prefirieron irse para siempre y transformarse en huesos megalíticos.

Nadie encontraba el momento de declararle la guerra al barro, al alma negra del cieno, a los hoyos oscuros que habían rellenado el mundo.

(Diez mil años, imaginad que transcurren así diez mil años, diez mil)

Aquella flor lo consiguió un día de marzo. Copió de memoria en el centro de su corola el reflejo que alguien le había contado que tuvo el Sol alguna vez.

Comenzó ella y fue seguida por una legión de voluntarios constituida por todo ser viviente.

Y volvió la luz al centro del bosque, a la superficie de la Tierra.

Dios bostezó, se asomó desde una nube y continuó creando el mundo.




domingo, 22 de marzo de 2015

Son salas no tanto de espera como algunas veces de desesperanza en las que las analíticas y sus espeluznantes resultados dan sueño, como la muerte algunas veces, un sueño aburrido porque, a fin de cuentas, la muerte será un aburrimiento tremendo y eso no le gusta a casi nadie y por ese motivo te amo. 


martes, 17 de marzo de 2015

domingo, 15 de marzo de 2015

¿Tantísimo tiempo ha de pasar el mar dándole golpes a sus olas y tanto ha de suplicar sobre las rocas para convencerse de que el enigma no está en la fuerza mareomotriz sino en el significado de lo que les cuentan las sirenas a los tatuajes de los marineros?




sábado, 14 de marzo de 2015

Los aparatos de aire acondicionado que tenemos instalados en nuestros centros de salud suelen, algunas mañanas, provocar evaporaciones en lo que en términos generales se viene a conocer como piernas.

Puede resultar perturbador a la hora de levantarse de la silla de la sala de espera: las caídas son de una espectacularidad tan grandiosa que el Servicio de Salud ha instalado unas gradas desde las que el público puede mirar, fotografiar y grabar vídeos de los trompicones que luego presentan orgullosos en los concursos de televisión.

No hay nada que más me indigne en este mundo.



viernes, 13 de marzo de 2015

Cuando se nos desdobla la imagen (amor mío después de tantos años) al moverse la tierra por motivos que sólo la sismología conoce, yo sigo siendo el mismo que mira y que te mira como te ha mirado siempre. Pero ahora me desconciertas hasta el llanto, porque después del temblor tu cara ha mirado a llanuras y estepas que desconocía hasta ahora.

Nunca has dejado de sorprenderme, y por ese amor eterno y esa facultad tuya de ser nueva en cada terremoto, seré yo quien baje después a la farmacia, en medio del temporal de nieve.



sábado, 7 de marzo de 2015

Cuando los acompañantes de las damas del Romanticismo dejan de sentir emociones memorables por ellas es digno seguirlas de cerca sólo por ver cómo se desmayan y por escuchar el vocabulario que utilizan, más propio de los románticos estibadores portuarios.

Suele ser al cabo de los cinco días de duelo riguroso cuando toman decisiones peligrosísimas para su salud, como por ejemplo el suicidio.

Se asoman a los patios interiores de sus domicilios y se apostan a lo alto de la ventana de su salón.

Cuando se acuerdan de que aún quedan acompañantes dispuestos y que sus nombres los tienen anotados en los listines de telégrafos todo, todo (todo) se transforma en colores y suspiros distintos.



viernes, 6 de marzo de 2015

Entró en el túnel de lavado del coche y lo que descubrió, más que la oscilación de duchas y bayetas tecnológicas fue un caleidoscopio que la transbordó a una hélice de galaxias multiformes, con colores artesanales de rosa descolorida.

“No me importa, tengo tiempo”, levantó alguien el dedo.

“Que entre. Le abriré la puerta y que se quede”.



jueves, 5 de marzo de 2015

Sería para todos una gran noticia que alguien, cualquiera, no importa la procedencia social ni sus hábitos nocturnos, les dijera alguna vez a las damas del Romanticismo que sus formas, sus urbanidades, son deficientes y poco constructivas.

¿Acaso se pude entender que a continuación de las comidas que organizan para recolectar fondos, si el postre resulta ser (un ejemplo) plátano, tomen las pieles, las guarden en sus bolsos de terciopelo negro y al salir a la calle las coloquen cuidadosamente en alguna de las esquinas más concurridas para que sean pisadas por algún caballero que caiga tras dibujar virutas en el aire sobre su trasero y estallen en carcajadas tan voluptuosas que escuchan las ancianas (santiguándose) desde los balcones y al día siguiente vuelvan a juntarse las damas del Romanticismo y vayan a misa como si no hubiese ocurrido nada?



lunes, 2 de marzo de 2015

Hay momentos en la vida de una dama del Romanticismo en que ocurren movimientos sísmicos. Y cuando eso sucede se ocultan horripiladas en el breve espacio que se abre entre el suelo de su alcoba y el somier de su cama. Y allí esperan, como un hurón en su cobijo, a que finalice la hecatombe.

Ese mismo día, y por la tarde, como piensan (en su bien instruida ignorancia) que los terremotos son lamentos del planeta, se acercan llenas de ternura a la montaña más idónea que encuentran por allí cerca y posan su mano sobre el granito mientras le dicen a la roca “ya está, piedra mía, que no tiemble más esa substancia de la que estás construida”.

Sus acompañantes, cuando les ven hacer eso, encienden un cigarrillo y suspiran entre las bocanadas.



Fíjese, señora o señorita, damisela fecundable, mujer hermosa entre las mujeres. Mire bien, señora, las mezcladas texturas, grafías, estrías, surcos, en que se subdividen los minúsculos cuencos y covachas de esta materia. Usted misma guarda entre sus ingles un entramado que se enmaraña también en algunas elipses.

Brindo con ella al mar, la presento para que sea bendecida por la horizontal prodigiosa del horizonte antes del procedimiento.

Y ahora, discreta pero solemne, diríjase hacia la orilla y, alzándose las enaguas, bajándose los pololos, salte, evite que le acierte con ella en la marca que le hice esta mañana con la pluma en el pompis.

Sabe lo que ocurrirá si acierto: solicitaré a su hermanastra en matrimonio y lo nuestro tendrá que reducirse a un romance de whatsapps.

Maldición.  




Hoy llueve todo el cielo. Un gran espacio, una hecatombe de gotas y ráfagas de calderos de agua y color gris se ha hecho propietaria del mu...